¿Inteligencia emocional o coeficiente intelectual? Cuál resulta más importante para obtener el éxito profesional y por qué.
Anteriormente se consideraba que tener un coeficiente intelectual elevado era garantía de poder obtener éxito profesional, sin embargo, en la actualidad la inteligencia emocional ha tomado una relevancia muy importante, ya que, quien cuenta con ella puede entender sus emociones e interpretar los estados emocionales de los demás.
Un test de inteligencia puede arrojar resultados sobre el uso de la racionalidad y la lógica, pero no permite obtener ningún indicador sobre la manera en la que manejamos nuestras emociones y lo que ellas nos generan. Sobre cómo es nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
Resulta que, los mejores empleados no son aquellos con mayor coeficiente intelectual, sino los que pueden controlar sus emociones y entender la función que tiene cada una de ellas.
Las emociones influyen en nuestra toma de decisiones, y de allí la importancia de poder identificarlas y entender lo que nos provocan.
Cuáles son los componentes de la Inteligencia Emocional según el psicólogo estadounidense Daniel Goleman
El Autoconocimiento: se refiere a nuestra capacidad de identificar las emociones que sentimos y como estas influyen en nuestro estado de ánimo y nuestras decisiones. Por ejemplo, si estamos alegres y excitados o si estamos deprimidos y tristes, posiblemente esto afecte cualquier decisión que tomemos en ese momento de desequilibrio. El autoconocimiento se refiere a entender como esto puede afectar nuestro comportamiento y conocer, además, cuáles son nuestros puntos débiles y nuestras capacidades. Referido es esto hicimos un post en nuestro Instagram recientemente, podes verlo aquí.
Autocontrol: se encuentra relacionado con la manera en la que podemos dominar nuestros sentimientos y emociones identificando cuáles permanecen en nosotros por más tiempo, y cuáles serán menos duraderos, de manera que, esto nos permita ser menos impulsivos o reaccionarios.
Automotivación: consiste en poder enfocarnos en las metas y objetivos a largo plazo superando los obstáculos que pudiera presentarse con cierto grado de optimismo e iniciativa. Es la capacidad de motivarnos a nosotros mismos dejando atrás los miedos injustificados sobre lo que podría pasar.
Empatía: Las personas empáticas son las que en general, tienen mayor cantidad de habilidades y competencias relacionadas con la inteligencia emocional. Son las que pueden identificar mediante señales no siempre verbales, los sentimientos de las demás personas y sus emociones.
Habilidad social: Este componente se refiere a la manera en la que nos relacionamos con los demás, y, es un punto fundamental en el ámbito laboral. Porque no tiene que ver solo con cómo establecemos relaciones con quienes sentimos afinidad o nos son simpáticos desde el inicio, sino también, con nuestra capacidad de relacionarnos con aquellas personas con las que no tenemos nada en común o no elegiríamos relacionarnos, pero son parte de nuestro entorno laboral.
Tiene que ver con la capacidad de comprender lo que dicen los demás, considerando el contexto y, entendiendo las causas que provocaron que las demás personas se comporten de determinado modo y que eso genera ciertas emociones en nosotros. Y no, comenzar pensando en cómo nos sentimos nosotros ante esos comportamientos, sin considerar el origen de los mismos.
Por qué a las empresas les interesan que sus colaboradores cuenten con inteligencia emocional
Entendiendo los componentes que acabamos de mencionar y explicar brevemente, es bastante fácil deducir por qué a las empresas les interesa contar con colaboradores que tengan estas habilidades desarrolladas.
Es evidente que la manera en la que manejamos nuestras emociones influye en nuestra toma de decisiones, en nuestra manera de relacionarnos y de comprender las necesidades de nuestros compañeros, de nuestro equipo, clientes, etc.
Por este motivo, resulta tan importante considerar estas habilidades, comportamientos y competencias.
Es fundamental resaltar, que, a diferencia del coeficiente intelectual, que suele ser más bien estático durante la vida adulta, la inteligencia emocional puede desarrollarse y nuestro cerebro tiene la capacidad de cambiar al aprender nuevas habilidades y comportamientos. Nuevos comportamientos repetidos de manera intencional, se vuelven automáticos y naturales con el tiempo. Generando nuevas conexiones neuronales que permiten el equilibrio entre el cerebro racional y emocional.
Cómo identificar la falta de inteligencia emocional en el trabajo
El estrés puede ser un indicativo de que tenés emociones reprimidas que generan ansiedad y tensión que, sostenidas en el tiempo, pueden tener consecuencias graves.
Vocabulario emocional limitado: si no podés explicar con palabras cuál es la emoción que estás atravesando, difícilmente puedas identificar de qué manera controlarla o sanarla.
No conocer tus puntos débiles: Es una señal de que no tenemos un buen nivel de autonococimiento y esto dificulta también que podamos identificar qué situaciones podrían generarnos emociones negativas o cómo trabajarlas.
No poder desconectarse del trabajo: es otro signo de falta de inteligencia emocional, ya que distanciarse permite observar situaciones y reducir el estrés.
Dificultad para entender el carácter de los demás: es importante abrir la mente y ser empático, interpretar la personalidad de las personas que te rodean y, entender qué cosas los motivan.
Entonces, ¿podemos aprender a ser más optimistas? ¿Podemos conseguir que el miedo no nos paralice?
Si, podemos aprender a gestionar nuestras emociones, mediante nuestros comportamientos y hábitos. Debemos poder identificar aquellas emociones que nos habitan, para gestionarlas sacándoles el mayor provecho posible. De eso, se trata la inteligencia emocional.