Barreras en la carrera profesional de las mujeres
Existen prejuicios basados en antiguos estereotipos sobre las capacidades personales y laborales masculinas y femeninas, que actúan como anclas aferrando la carrera profesional de las mujeres en los niveles más profundos de las estructuras empresariales.
En esta entrada de blog queremos traer un tema que planteamos en recientes posteos en neustro perfil de Instagram, relacionado con las barreras con las que muchas mujeres se encuentran a lo largo de su carrera profesional.
La metáfora del techo de cristal hace referencia a las barreras u obstáculos invisibles que impiden el progreso en la carrera profesional de las mujeres. Se habla de invisibilidad debido a que estas barreras no son explícitas.
Sin embargo, como es sabido, en la mayoría de los casos, son las mujeres quienes tienen la mayor carga de responsabilidades domésticas y si además, tienen hijos, se encuentran con dificultades en su vida cotidiana para equilibrar el tiempo dedicado a su rol productivo (responsabilidades laborales) y sus actividades familiares y domésticas, con lo que el doble rol genera en las trabajadoras un nivel importante de tensión y que en función de cumplir con ambos y no parecer menos capaces o eficientes que sus compañeros hombres o ante sus parejas en el hogar, desarrollan estrategias para hacer rendir su tiempo con la mayor eficiencia.
Es por esto, que las mujeres deben “pensar” en qué momento de sus vidas les resulta más conveniente encarar un proyecto familiar o laboral en función a lo que buscan en cada una de esas esferas, a diferencia de los hombres que tienen mayor elasticidad en sus decisiones ya que no cargan con las responsabilidades familiares y domésticas en la misma medida.
Es común escuchar mujeres que debieron responder en entrevistas laborales, sobre sus planes familiares, y expectativas de crecimiento en función de esto último, como si fueran cuestiones contrarias que no pueden conciliarse. Sometiéndose a una especie de evaluación que sobrepasa la línea de lo meramente laboral y profesional para inmiscuirse en el plano personal.
Las licencias son otro factor que lamentablemente pueden influir en la toma de decisiones sobre contrataciones o promociones en nuestro país ya que hay un largo camino por recorrer en materia legislativa para crear condiciones favorables con la igualdad de condiciones entre hombre y mujeres.
Así también, los “deberes hogareños femeninos” o las “imágenes estereotipadas de hombres y mujeres”, resultan un factor muchas veces considerado por quienes toman las decisiones respecto a las promociones o ascensos.
Todas estas circunstancias empujan a quienes están interesadas en crecer laboralmente y realizar una carrera ascendente a tomar medidas o estrategias que les permitan lograrlo.
En muchos casos, suelen optar por realizar un estudio de postgrado que resulta ser para ellas un pasaje a la posibilidad de competir en el mercado de trabajo con los hombres, aun cuando estos estén menos instruidos.
Existe una norma “masculina” a la que las mujeres deben adaptarse y trabajar mucho más duramente que los hombres, motivo por el cual, realizan un esfuerzo para probar a sus superiores y a sí mismas que pueden competir a la par que cualquier varón en el ámbito laboral.
Existen prejuicios basados en antiguos estereotipos sobre las capacidades personales y laborales masculinas y femeninas, que actúan como anclas aferrando la carrera profesional de las mujeres en los niveles más profundos de las estructuras empresariales. Dando al menos, algunas respuestas a la incógnita sobre el origen y la existencia del techo de cristal, que representa la invisibilidad de las causas que originan el estancamiento, pero que resulta blindado a los intentos femeninos por quebrarlo.
Por último y desde nuestra perspectiva, el mayor indicador de la existencia de una seria problemática de género es la falta de conciencia sobre la existencia de la misma y la “naturalización” o desestimación de cuestiones discriminatorias que atentan contra la igualdad de género y pretenden perpetuar la creencia de la inferioridad del género femenino frente al masculino. Es por ello, que consideramos desde una perspectiva de las relaciones laborales, que mientras exista la incapacidad de reflexión o el “síntoma de la inconsciencia” , será un obstáculo más contra el que debemos enfrentarnos para trabajar en pos al mejoramiento de la relación de género en el ámbito laboral.
Resulta evidente, que la inequidad de oportunidades que menoscaba el desarrollo profesional de las mujeres es una asignatura que merece ser incluida en la agenda pública, una cuestión que debe ser atendida por los profesionales de relaciones laborales que tenemos el desafío de realizar nuestro aporte desde el espacio en que nos toque desarrollarnos y un asunto que amerita la atención de la sociedad en su conjunto, hombres y mujeres, ya que merece el compromiso y la acción colectiva para abogar por derechos que garanticen la igualdad.